Recibí esta pregunta hace algunos días, y la respuesta es clara pero difícil de cuantificar. Muchos de nosotros somos médicos que teníamos una pasión por la computación y la información. ¿Somos ingenieros frustrados? Creo que no.
El cuidado de los pacientes exige, en este momento, cantidades cada vez más grandes de información. Los pacientes crónicos generan montañas de información, con fichas clínicas en varios tomos. A veces la explicación de un cuadro agudo está presente pero perdida entre otras 1000 páginas de datos irrelevantes a la molestia actual. El diagnóstico de un paciente complejo puede requerir integrar y priorizar información de decenas de exámenes, especialistas, e intervenciones. Esto no es trivial: los pacientes pueden morir o vivir por errores de omisión ligados a la falta o exceso de información.
Así como hay médicos que se especializan en las imágenes (radiólogos), o en los tejidos del cuerpo (patólogos), es poco sorprendente que esté surgiendo una nueva especialidad de apoyo a la práctica clínica: la informática clínica. En Estados Unidos los informáticos pronto empezarán a certificarse tal como los internistas, cirujanos, radiólogos o patólogos.
Los que nos dedicamos al lado académico de la informática médica estudiamos el impacto de la información y su manejo en el quehacer de la salud. Nuestra formación previa como médicos es invaluable para entender lo que está ocurriendo en un hospital, y poder comunicarnos con el personal clínico.

